…Tengo los ojos mal trazados, la forma de mis sueños es letal, mi boca esta vacía y mi alma esta en la terapia intensiva del purgatorio. Soy un ente de expresiones mecánicas y miradas algebraicas.
Tengo la embriaguez del santo y la cortesía del réprobo.
Soy implacable.
Acto seguido, volví a mi lugar, físico y espiritual, mientras “L’ Oiseau de Feu” de Stravinsky se filtraba casi quirúrgicamente en mis oídos, regalándome así, la calma y tormenta. En aquel momento, pensé en ocultarme de las malformaciones mundanas y de los sentimientos escatológicos. Esperaba haber perdido toda conexión con mis ojos, me invité por un instante al Nirvana suburbano. Quería deshacerme completamente del motín de los despechados conformes. Falle.
Todo era muy intenso. Necesitaba urgentemente una salida de emergencia, una portentosa coima del destino que logre malograrme. La acepte inmediatamente. Estaba listo para salir, y así lo hice.
¡Corrupto! ¡Cobarde!.
Mis pies eran líquidos, se disolvían en el Éter con cada paso que daba en el asfalto, mientras los efluvios arrabaleros perfumaban mi nariz y me agredía la noche errante.
¡Adidas, pornografía urbana, McDonal’s, prepotencia teológica, Armani, Chanel, amor nauseabundo! ¿Qué asalto a la dignidad humana trae entre sus manos la Providencia?
“Intentar conocer en profundidad al ser humano, como una esencia estoica, es amar la muerte, estimado Darikson” –me dije- mientras intentaba desasirme de las intransigentes lenguas de Neón y escupía el Aneurisma de una quinceañera sana y compulsiva.
Creí haberlo visto todo hasta ese entonces, pero no. Ahora los autómatas místicos, se reunían a beber perfume Yves Saint Laurent en la plaza que se enaltece por ser la prima bastarda de Parque Leloir.
En un rapto de insensatez (aun conservaba atisbos de esperanza) creí poder absorber las infraestructuras óseas ajadas del hombre y así librarlos de sus tejidos. Nuevamente, estaba equivocado
No hay esperanza, el ocaso del mundo es inminente.
¿Qué es esto? ¿Estoy lidiando conmigo mismo?
La desolación fue completa y así conseguí robarle al desaliento, una sentencia extremadamente cruenta:
-Las pasiones han muerto. El hombre es el vicio del hombre.
Precisaba filtrarme urgentemente entre la jauría humana, arrancarles la piel y sacarles el alma por el culo, para responder negativamente a estas preguntas. “¿Cómo hacerlo?”. La respuesta no se hizo esperar: “Siendo uno de ellos” pensé en un momento de desequilibrio lucido y transparente.
Debía escribir una carta y así lograr hacer perpetuas las ideas:
Estimado Regente Mustafá Arioch:
Es menester informarle, como ya sabrá usted, que estamos frente al momento indicado. Estamos frente al eclipse de los sueños. No hay más tiempo, el caos debe ser consumado. He guardado los modales necesarios ante Voyeristas urbanos y he coleccionado los hematomas que supo inflingirme la sombra en el sótano de la miseria, durante mucho tiempo. No más.
Le transmito esto, Yo, que fui El Dante sin Beatriz, Othello sin pañuelo, la pasion abundante, la tormenta heroica, las manos de Cuauhtemoc.
Ahora… Soy el infame que brega por el Knock - Out de las sonrisas.
Tengo los ojos mal trazados, la forma de mis sueños es letal, mi boca esta vacía y mi alma esta en la terapia intensiva del purgatorio. Soy un ente de expresiones mecánicas y miradas algebraicas.
Tengo la embriaguez del santo y la cortesía del réprobo.
Soy implacable.