miércoles, 30 de septiembre de 2009

Capitulo 3: "El Ocaso Del Mundo"

…Tengo los ojos mal trazados, la forma de mis sueños es letal, mi boca esta vacía y mi alma esta en la terapia intensiva del purgatorio. Soy un ente de expresiones mecánicas y miradas algebraicas.
Tengo la embriaguez del santo y la cortesía del réprobo.
Soy implacable.


“Sabia que este Whisky era una mierda - le dije-. Sabia que todo lo que tenga un costo mayor al precio de mi puta favorita, no vale la pena. No tengo los placeres híbridos e hipócritas de los tenorios que besan copas de cristal en mansiones obscenas. Me gusta el aire viciado, el polvo sobre mis libros, la grasa, el oxido, la sangre y la cerveza caliente. ¿Te parezco hermoso, amor? ¿Crees que mi vida va a ser eterna?”. Ella me miro casi espantada, me beso y salio a despedazar aortas ilusas.

Acto seguido, volví a mi lugar, físico y espiritual, mientras “L’ Oiseau de Feu” de Stravinsky se filtraba casi quirúrgicamente en mis oídos, regalándome así, la calma y tormenta. En aquel momento, pensé en ocultarme de las malformaciones mundanas y de los sentimientos escatológicos. Esperaba haber perdido toda conexión con mis ojos, me invité por un instante al Nirvana suburbano. Quería deshacerme completamente del motín de los despechados conformes. Falle.

“¡Bestias! ¡Bestias impías! ¿Qué han hecho de mis imaginarios ocasos en Malé? ¿Es necesario confesar que soy más romántico que Rubén Darío y Víctor Hugo? ¿Acaso no saben que las palabras profanas son el corolario de los corazones soñadores?” me dije, mientras el Réquiem de Mozart me acechaba.
Todo era muy intenso. Necesitaba urgentemente una salida de emergencia, una portentosa coima del destino que logre malograrme. La acepte inmediatamente. Estaba listo para salir, y así lo hice.
¡Corrupto! ¡Cobarde!.

Mis pies eran líquidos, se disolvían en el Éter con cada paso que daba en el asfalto, mientras los efluvios arrabaleros perfumaban mi nariz y me agredía la noche errante.
¡Adidas, pornografía urbana, McDonal’s, prepotencia teológica, Armani, Chanel, amor nauseabundo! ¿Qué asalto a la dignidad humana trae entre sus manos la Providencia?

“Intentar conocer en profundidad al ser humano, como una esencia estoica, es amar la muerte, estimado Darikson” –me dije- mientras intentaba desasirme de las intransigentes lenguas de Neón y escupía el Aneurisma de una quinceañera sana y compulsiva.
Creí haberlo visto todo hasta ese entonces, pero no. Ahora los autómatas místicos, se reunían a beber perfume Yves Saint Laurent en la plaza que se enaltece por ser la prima bastarda de Parque Leloir.

En un rapto de insensatez (aun conservaba atisbos de esperanza) creí poder absorber las infraestructuras óseas ajadas del hombre y así librarlos de sus tejidos. Nuevamente, estaba equivocado

No hay esperanza, el ocaso del mundo es inminente.

Tenía la necesidad de tragarme las sobras del crepúsculo, pero me sentí frustrado. El aire que respiraba era el huésped hostil de mis pulmones, debido a que Shell Y Esso estaban ofreciendo de manera gratuita, lecciones urbanas sobre muerte lenta a Philip Morris. A causa de esto, pensé por un momento en enclaustrarme nuevamente, ahora junto a Wagner, para acompañar esta trágica sensación. Pero supe allí mismo que no iban a lograr que lleve a cabo tal deseo, mi propio deseo de intimidad.

¿Qué es esto? ¿Estoy lidiando conmigo mismo?
La desolación fue completa y así conseguí robarle al desaliento, una sentencia extremadamente cruenta:

-Las pasiones han muerto. El hombre es el vicio del hombre.

¿Soy un ente perfectamente diseccionado? ¿Soy tan previsible?
Precisaba filtrarme urgentemente entre la jauría humana, arrancarles la piel y sacarles el alma por el culo, para responder negativamente a estas preguntas. “¿Cómo hacerlo?”. La respuesta no se hizo esperar: “Siendo uno de ellos” pensé en un momento de desequilibrio lucido y transparente.

Mi resolución era indeclinable. Solo debía comprimir el universo, expandir la brutalidad de mis ojos y degradar el color de la sangre.
Debía escribir una carta y así lograr hacer perpetuas las ideas:

Estimado Regente Mustafá Arioch:

Es menester informarle, como ya sabrá usted, que estamos frente al momento indicado. Estamos frente al eclipse de los sueños. No hay más tiempo, el caos debe ser consumado. He guardado los modales necesarios ante Voyeristas urbanos y he coleccionado los hematomas que supo inflingirme la sombra en el sótano de la miseria, durante mucho tiempo. No más.

La arquitectura de lo banal esta ya ornamentando su cúpula. No hay lugar para el altruismo.
Le transmito esto, Yo, que fui El Dante sin Beatriz, Othello sin pañuelo, la pasion abundante, la tormenta heroica, las manos de Cuauhtemoc.
Ahora… Soy el infame que brega por el Knock - Out de las sonrisas.
Tengo los ojos mal trazados, la forma de mis sueños es letal, mi boca esta vacía y mi alma esta en la terapia intensiva del purgatorio. Soy un ente de expresiones mecánicas y miradas algebraicas.
Tengo la embriaguez del santo y la cortesía del réprobo.
Soy implacable.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Capítulo 2: "The Greater Good"

A veces me pasa algo, ojo, esta es una de esas cosas que me reservo para alguien especial sino nunca dejaría de ser una aplacada y siempre castigada voz de mi interior, pero hoy, hoy siento cierta verborragia.
Bueno, con cierta frecuencia me sucede algo, no podría indicar en qué momento de mi vida comenzó, quizás en mi niñez, pero no lo sé. Tampoco puedo distinguir el momento exacto, previo en que me sucede, no podría prevenirlo ni detectarlo aunque así quisiera.

Mi última experiencia fue hace muy poco, estaba mirando mi reflejo en una vidriera, a la derecha, mi cara; a la izquierda un puñado de colores desparramados, reflejos de quién sabe que detrás mío, y de pronto me desvanezco…puedes creer que desvario pero aqui tienes mi honesta y despellejada confesión que reclamaste...no sé cuanto dura, cuanto es que paso desaparecido, no sé si es que estoy en trance, no se si me desmayo o si pierdo conciencia, si pasan horas, días o milisegundos y cuando vuelvo en mi…que difícil explicarte Inés...cuando despierto, me detengo en los ojos de todo aquel que pase por mi lado, busco con desesperación en lo profundo de aquellas miradas que en apariencia no ven, busco algún signo que apruebe mi desaparición, necesito pruebas, necesito de aquel extraño que haga real mi condición de desvanecencia, así nos han enseñado Inés, no puedo evitarlo.
Lamentablemente no he tenido la dicha de encontrarme con esa persona que note mi invisibilidad, tampoco sé si quisiera, ya te he dicho que solo me encuentras en esta confesión porque sostengo que es por un bien mayor, me entendes? el de mantener tu compañía por más de lo que dure este café y así hacerte la dueña de este momento único en nuestra corta historia.

Esto es lo que nunca he dicho a nadie Inés, lo he confesado…uff que alivio, en algún momento de mi historia he comprendido este quizás fatal hecho como algo oscuro y secreto, digno de temer y de ser escondido. He sabido desentenderme de mi desvanecencia y por otro lado la he esperado con ansias en momentos apretados, creo que he sabido jugar muy bien, pasearme muy cómodamente en esta línea que divide lo temido y desconocido de lo intrigante, estimulante hasta casi sexual te diria.

Qué te parece Inés, ahora luego de cumplir con tu pedido, te creerás capaz de revelarme aquello que no le has contado jamás a nadie, digo, por la supervivencia de este lazo, por este momento único que me pediste que creáramos.

Te escucho Inés, no tengas miedo, ¿Cómo Inés?; no, no repito mucho tu nombre por algo en especial; vamos todos tenemos algo que jamás dijimos en voz alta; Inés, por favor, es por el bien de nuestra amistad incipiente.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Capitulo 1: "Les dijo manténganse alerta"

Deben estar cerca.
Lo sé, lo sé, lo presiento en cada fenómeno cotidiano que me acontece esta geografía, en cada error de cálculo que cometo, en cada plaza donde queda el aura de alguno de ellos flotando, en este olor. En estas evidencias imprecisas de su existencia aparente.
"Cuando alguien se oculta sabemos que existe", proclama en su primera máxima la Regenta de Naútica Epigea Consorte Eva García.

La desocultación definitiva es inminente. La desocultación definitiva es imprescindible.

Hace dos meses que estoy en esta humedecida ciudad, y aún no pude atrapar a ninguno de los sátrapas. Se esconden, temerosos cómo son, y basta con que sospechen que intuyo su cercanía para que se escabullan y se pierdan en sus túneles y recintos.
A veces, cuando estoy decaído, me viene a la mente la absurda idea de que esta cacería no fue planeada por nadie más que mi mismo, que no cuento con el aval de la Historia, ni de la Cábala, ni siquiera con la complacencia benevolente del magnánimo Heinrich Neuhaus. Pero entonces, a él lo releo, y me dice: " por el hecho de que cambian y esconden sus nombres, de que disimulan sus años, de qué, cómo ellos mismos confiesan, llegan sin darse a conocer, no hay lógico que pueda negar que deben existir realmente". Están acá, en esta ciudad, en este mismo momento se están juntando, montando los engranajes de el aparato último y ultimador, pero no hacen pública su existencia. Cobardes.

Hoy estaba particularmente desganado. Pensaba seriamente, porqué negarlo, en abandonar por fin la búsqueda de estos sátrapas, volver a mi ciudad y tener una existencia privada (en todo sentido), muda y previsible; bien, bien lejos de los Maestros Secretos y sus órdenes incomprensibles, inservibles.

Y entonces lo de siempre, un mensaje velado, el guiño fenomenológico de la patafísica: abro la puerta de calle y en medio de la peatonal un rimbombante cartel que grita "¡¿Cómo puede usted sobrevivir al fin del mundo?!".
Me alarmé.Creí que el Día A había llegado antes de lo que prevía, que el momento cúlmine me tocaba el timbre para que me haga cargo de mi responsabilidad hipotética, y sólo para encontrarme así, en pantuflas, proverbialmente hablando.
Pero no, eran sólo dos Testigas de Jehová. Tienen un stan en el medio del tránsito a tracción bípeda. Revulsivas.
¿Así que estos también, cómo nosotros, profetizan el fin del mundo? -me dije pensando. Qué época, maese, que época... -recité luego.
Había dos mesitas. En una las mujeres parlotaban aireadamente (cómo los Cofler ) de temas más bien poco místicos. En la otra había libros, volantes y folletos. Amagué a preguntarle a una de ellas, dubitativo y vergonzoso, si me podía llevar algo (me interesaban más que nada los libros, pero supuse que quizás me lo cobraban), pero cómo ni me miraron agarré el volante apocalíptico y volví a mi casa a cocinar pollo frito.

Qué sutiles caminos recorre La Palabra para visitarnos. Qué métodos bizarros que está dispuesta a utilizar para iluminar el mundo.
Esas dos féminas eran apenas médiums de una imprecación intrascendente, o tal vez no tan intrascendente, pero sí absolutamente personal.
En el volante se citaba (supuestamente) a Marcos 13:37 : "Lo que a ustedes les digo, a todos se lo digo: Manténganse alerta."
Manténganse alerta. Una letra de más, he ahí la clave, una ene intrusa: Manténgase alerta, debería decir. Manténgase alerta. Mantenete alerta, dicen acá.

Creo recordar ahora, que extraño, o no tan extraño, que alguna vez el Venerable Gran Maestro de Todas las Logias Regulares me dijo: "Manténgase alerta, Comendador Aristó, que cuando escuche de nuevo estas palabras llegará el momento de su valoración", e hizo silencio.

Están cerca, no estoy loco. No estoy loco. O sí, pero a ellos los voy a atrapar.